100 no es 99
Un kiosco no es más que un cubículo, un pequeño espacio que según lo que contenga tiene una u otra utilidad, es fácil comprobar cómo un kiosco que era una cosa en cuestión de días se convierte en otra muy distinta. Entonces qué es lo importante ¿continente o contenido? ¿Forma o función? ¿Podría un kiosco con una gran cabeza de Mickey ser un kiosco donde se vende novela negra? Los objetos anodinos se convierten en geniales en el momento en el que se les saca de su contexto y se introducen en otro, de repente estos objetos mudos tiene algo que decir. Voy a ejemplificároslo para que lo entendáis más visualmente. Un señor ejecutivo con maletín paseando por la gran vía ¿que os comunica? Ahora bien si ese maletín se lo ponemos a un punki… la cosa cambia no? Si tú entras a un lavabo y allí te encuentras un retrete, percibes alguna información? Sin embargo si el mismo retrete igual de limpio (o sucio) te lo encuentras al entrar en un comedor? …. Un preservativo en el cajón de la mesilla del papa, una prostituta con burca….
Las cosas nunca son lo que son en sí mismas sino lo que cada uno queramos que sean, y para eso estamos aquí para utilizar los elementos que tenemos y darles un guion, que cuenten algo y que a los demás no les quede otra opción que escucharlos que abrir con ellos un dialogo…
tenemos que buscar espacios, experiencias espaciales y ponerlas en el centro del proyecto.
ResponderEliminardesconfío de las arquitecturas semánticas. me parecen caminos muy limitados
hay que estar dibujando yaaaaa
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarbueno, cada uno tiene su camino proyectual...definir a las palabras como caminos muy limitados me parece cuanto menos arriesgado...
ResponderEliminar:)
en dos líneas, tengo que serlo
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